La vida actual, con un ritmo agitado y sin tiempo para realizar tareas de descanso y recreación, arrojan a muchos individuos a los locales de “Fast Food” o a hacer uso de los típicos “delivery”.

Así, la comida chatarra o rápida, preelaborada o no casera se convierte en la protagonista de cada una de nuestras mesas familiares y no sólo aportan nutrientes sanos y esenciales para nuestro organismo, sino que nos convierten en comedores insaciables.

Es decir, todos conocemos que la comida rápida contiene más calorías debido a su porcentaje de grasa superior, a su alto contenido en azúcares simples si se trata de gaseosas, helados u otros postres y poca cantidad de verduras y frutas que incrementan el volumen de la comida y son fuente de vitaminas y minerales.

Pero eso no es todo, ya que los carbohidratos y las grasas, componentes principales de este tipo de comida, son los principios nutritivos que menos saciedad provocan en el organismo, y además, suelen provocar cierta “adicción” que incitan al individuo a querer comer más y más de ellos.

Incluso, si optamos por la comida rápida, a menudo también la ingerimos rápidamente y el cerebro necesita de cierto tiempo para que las señales del aparato digestivo lleguen a él avisando que los alimentos ya están en nuestro organismo.

Entonces, el comer rápido y sin masticar mucho, disminuye el efecto saciador de los alimentos descontrolando los mecanismos que controlan el apetito. Así, comemos más y de peor calidad sin darnos cuenta.

De hecho, comer de forma apresurada y en abundancia incrementa las probabilidades de sufrir sobrepeso u obesidad. Por lo tanto, siempre aconsejamos comer sentados, tranquilos, sin distracciones a nuestro alrededor, de manera que podamos concentrarnos en los alimentos y tomar conciencia de lo que estamos comiendo.

Además, incluir de manera regular estos alimentos provoca un disbalance en nuestra alimentación que impide alcanzar una dieta equilibrada y armónica.

Por eso, mi recomendación es limitar la ingesta de comida rápida a ocasiones particulares y consumir habitualmente carnes magras, cereales integrales, frutas, verduras y lácteos en general.

Fuente: portalfitness.com
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